- La comparación social nos impulsa a consumir para igualar estilos de vida ajenos.
- Las redes sociales intensifican expectativas poco realistas que afectan la salud financiera.
- Distinguir entre necesidades reales y deseos es fundamental para el bienestar psicológico.
El Dr. Luis Mario Castellanos explicó que muchas decisiones de consumo están influenciadas por la comparación con otras personas más que por necesidades reales, lo que puede afectar tanto el bienestar psicológico como la estabilidad financiera.
¿La compra que estamos a punto de realizar responde realmente a una necesidad o simplemente al deseo de tener lo mismo que otros? Esa fue una de las reflexiones planteadas por el Dr. Luis Mario Castellanos, psicólogo, magíster y doctor en Psicología, académico e investigador de la carrera de Psicología de la Universidad Santo Tomás Temuco, cuyas investigaciones se centran en la Psicología Económica y del Consumo, la Psicología Social y la Salud Mental.
Su trayectoria en investigación lo ha llevado a exponer en congresos científicos nacionales e internacionales realizados en Argentina, Costa Rica, Cuba, Colombia, El Salvador, México, Perú y Paraguay, además de integrar la Sociedad Interamericana de Psicología, la Sociedad Científica de Psicología de Chile y comités editoriales de revistas científicas internacionales. Desde esa experiencia, explicó que muchas decisiones financieras están influenciadas por un fenómeno conocido como comparación social.
El especialista señaló que compararse con otras personas es un comportamiento natural del ser humano. Sin embargo, advirtió que el problema surge cuando esa comparación se transforma en una presión constante por alcanzar el mismo estilo de vida o nivel de consumo que observamos en quienes nos rodean.
"Si una persona compra porque realmente lo necesita, no hay problema. Pero cuando el deseo nace de compararse con otros o de querer demostrar un determinado estilo de vida, puede terminar afectando tanto su estabilidad financiera como su bienestar psicológico", afirmó Castellanos.
El investigador explicó que este fenómeno se ha intensificado con el uso de las redes sociales, donde las personas están expuestas de manera permanente a imágenes, experiencias y estilos de vida que muchas veces generan expectativas poco realistas sobre el éxito, el consumo o la felicidad.
Diferenciar entre necesidades y deseos
Castellanos sostuvo que una de las principales herramientas para tomar mejores decisiones financieras consiste en aprender a distinguir entre aquello que realmente se necesita y aquello que responde únicamente a un deseo impulsado por la comparación con otras personas.
"Los deseos no son malos. El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos si realmente queremos algo o si solo sentimos la necesidad de tenerlo porque otra persona lo tiene", señaló.
El académico agregó que admirar los logros de otras personas puede ser positivo e incluso convertirse en una fuente de inspiración, siempre que esa admiración no se transforme en frustración o en una necesidad permanente de replicar la vida de los demás. "Es positivo inspirarse en quienes progresan gracias a su esfuerzo. Lo importante es comprender que cada persona tiene su propia realidad, sus propios tiempos y objetivos. No necesitamos vivir la vida de otros para construir nuestro propio bienestar", sostuvo.
Asimismo, explicó que cuando la comparación constante comienza a generar frustración, ansiedad o insatisfacción, pueden aparecer indicadores de malestar psicológico que afectan la calidad de vida, aunque no necesariamente se trate de un trastorno de salud mental. Por ello, hizo un llamado a fortalecer el autoconocimiento y a tomar decisiones de consumo más conscientes y acordes con la realidad de cada persona.
"El desafío no es dejar de desear cosas, sino que esos deseos sean genuinos y compatibles con nuestra realidad económica. Cuando las decisiones responden a nuestros propios objetivos y no a la comparación permanente con otros, es mucho más probable que contribuyan a nuestro bienestar", concluyó.