La “profecía” de Nicolás Palacios

Sr. Director:

Anticipándose de manera certera al Nuevo Orden Mundial y a la imposición del  globalismo y todo el astuto discurso sobre el “multiculturalismo”, la inmigración, el “progreso” y un sinfín de reiterativas argucias y falacias, el Chile de los “hombres de la tierra” enfrenta su destino final.

Todo esto fue advertido por el doctor Nicolás Palacios –el genial autor de “Raza chilena” (1904)– al referirse a la figura del mercader: “No es la felicidad del pueblo su incremento numérico, su progreso moral y político lo que preocupa al inmigrante mercader; ni lo desvelan la seguridad presente ni el provenir de la nación en que se hospeda. No ve una sociedad, un pueblo organizado moral y políticamente en el país en que se especula, sólo ve sus riquezas explotables, y su sola preocupación es la de apropiárselas con el menor sacrificio de su parte. La idea de nación está reemplazada por ellos por la de un territorio más o menos rico, más o menos poblado; sus habitantes son factores de producción y de consumo, e instrumentos vivos de explotación, a los cuales creen justo y lógico reemplazar por otros más apropiados a su intento, si los indígenas no les convienen” (“Decadencia del Espíritu de Nacionalidad”, 1908).

La figura del “mercader” aducida por Palacios es lo que precisamente ha consumado la gran alianza Derecha-Izquierda con Chile y sus habitantes: Transformaron el país en un mercadillo donde todo es especulación, negocio y corrupción y “sus habitantes son factores de producción y de consumo, e instrumentos vivos de explotación, a los cuales creen justo y lógico reemplazar por otros más apropiados a su intento, si los indígenas no les convienen”.

Sentaron, de esta manera, la destrucción de la nación de nuestros ancestros y la reemplazaron por la decadente sociedad moderna donde prima la ignorancia, la idiotez, el materialismo y la delincuencia.

Rafael Videla Eissmann

3 comentarios

  1. No puedo estar más de acuerdo con lo planteado por el notable patriota don Nicolás Palacios, por cuanto los comerciantes, de cualquier estatus, es la casta más despreciable que hay en Chile, salvo pocas excepciones. Siempre privilegiando llenarse sus bolsillos a como de lugar, sin importarles un comino el entorno en que se encuentran, ni la comunidad, ni la patria, ni las personas que compran sus mercancías y/o servicios que brindan. Jamás han tenido ni tendrán un sentido de comunidad nacional, ni menos profesarán el amor el prójimo, porque lo único que profesan es el amor al dinero y a llenarse sus bolsillos al menor costo posible; jamás serán solidarios ni cooperarán con proyectos de bien común si en ellos no obtendrán un beneficio económico directo. Esta casta de depredadores son los que destruyen la industria nacional, con el argumento de que «el país no es competitivo en esto o aquello», porque a ellos les conviene más comprar muy barato en el extranjero y vender muy caro en sus propios países, aún cuando esas mercancías sean de ínfima calidad e, incluso, sean dañinas para la salud de las personas. Otro motivo para atentar contra la industria nacional es que ella implica tener trabajadores con preparación y capacitación técnica que los sitúa por encima de la media y, por lo tanto, es gente pensante, con capacidad analítica y conocimientos que les permite darse cuenta de la calidad y el costo real de los productos que les ofrecen. Eso los convierte en gente «peligrosa» para los fines mezquinos que abriga la codicia eterna del comerciante, que vive única y exclusivamente para ganar dinero.

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