Para muchas y muchos poetas del sur de Chile, publicar un libro no es solo un hito, sino una excepción. En un circuito literario concentrado, y muchas veces cerrado, la posibilidad de acceder a la edición, la circulación y la lectura sigue siendo una barrera difícil de atravesar.
En ese contexto, la Colección de Poesía Yosuke Kuramochi, impulsada por Ediciones Universidad Católica de Temuco, ha comenzado a generar un impacto concreto en las trayectorias de quienes han sido parte de sus primeras publicaciones. Hoy, con su convocatoria 2026 abierta hasta comienzos de junio y extendida a todo el sur, desde La Araucanía hasta Magallanes y la Antártica Chilena, busca ampliar ese impacto a nuevas voces.
Escribir desde los márgenes
Desde Carahue, la poeta Sonia Huentemil (1972) no romantiza el camino de la escritura. Su libro Veloz se fue el sueño es la materialización de una trayectoria que durante años existió fuera del circuito. Su historia está marcada por el territorio, por una identidad en tensión y por una trayectoria de más de cuatro décadas escribiendo antes de ver publicado su primer libro. “Lo que cuesta no es escribir, es llegar”, dice.
Su historia es reflejo de las capas que muchas veces quedan fuera de la conversación literaria: la ruralidad, la pertenencia indígena, las contradicciones de la identidad. “Demasiado winka para ser mapuche y demasiado mapuche para ser winka”, describe, en una frase que condensa una experiencia de vida atravesada por el desarraigo y la búsqueda.
En ese contexto, la escritura aparece como un gesto de resistencia. “La máxima rebeldía fue escribir”, afirma. No como un ejercicio distante, sino como algo cotidiano: “No es difícil, basta abrir los ojos para encontrarse con ella”.
Sin embargo, el problema no está en la creación, sino en la circulación. Huentemil lo plantea con crudeza: “Lo que cuesta es llegar a la Meca, al santuario de los elegidos, sin tener el amigo o la amiga que te apuntale mientras te dan codazos”.
Por eso, cuando aparece una instancia como esta, el sentido cambia. “La convocatoria democratiza la poesía, te brinda la posibilidad de mostrar tu trabajo”, señala. Y agrega un momento que resume el impacto personal de ese proceso: saber que su obra fue leída y valorada por referentes como Rosabetty Muñoz. “Cuando me dijeron que le había gustado mi trabajo… me morí”.
Poesía como territorio de pensamiento
Para la poeta Carla Llamunao, hoy afincada en España, la experiencia con la colección también marcó un antes y un después. Su participación significó su primera publicación, pero además abrió un espacio de reflexión más amplio sobre el rol de la poesía.
“El concurso ha sido una oportunidad profundamente significativa, que sin duda marcó mi trayectoria de escritura”, explica. Junto a esa experiencia individual, identifica algo más estructural: “La alta convocatoria evidenció un gran interés por la poesía, y al mismo tiempo la urgencia de sostener estos espacios de diálogo, encuentro y difusión”.
Desde su trabajo como investigadora, Llamunao amplía el foco. La poesía a sus ojos no es solo expresión, sino también una forma de pensamiento. “Instala otras temporalidades y niveles de atención”, señala, y permite abordar discusiones que cruzan lo social y lo ecológico. “La crisis ecosocial, la relación con otros seres, con el lenguaje… la poesía permite imaginar otras formas de convivencia”, analiza.
Esa dimensión convive, sin embargo, con una precariedad persistente. “Existe una riqueza poética innegable en el sur, pero también una escasez de instancias de publicación”, advierte.
En ese punto, el rol de las universidades cobra relevancia. “Fortalecer estos espacios no solo implica sostener una escena literaria, sino resguardar un patrimonio cultural vivo”, afirma, valorando la proyección de nuevas voces poéticas desde el sur.
Abrir espacios, renovar la escena
Ese diagnóstico es compartido por los otros dos autores de la colección. Para el poeta Felipe Caro, la relevancia del concurso radica en asumir un compromiso que durante años estuvo ausente.
“Estas acciones visibilizan obras que parecen expandirse en silencio”, plantea. “Más que la publicación, se ha dado un encuentro entre generaciones y estilos que revela escrituras trabajadas durante años”.
En esa misma línea, el poeta Aldo Villarroel, quien pasó 22 años sin publicar un poemario hasta ser uno de los elegidos, destaca que la iniciativa permite abrir el mapa literario del sur: “Nos permite conocer voces provenientes de espacios con una rica tradición poética, como Valdivia, Chiloé o Magallanes”.
Una oportunidad abierta
Con el plazo de postulación abierto hasta el 5 de junio, la convocatoria Yosuke Kuramochi 2026 invita a autoras y autores mayores de 18 años, residentes en el sur de Chile, a enviar sus manuscritos para optar a su publicación.
En un contexto donde publicar poesía sigue siendo difícil, las experiencias de quienes ya han pasado por este proceso dan cuenta de que no se trata solo del regocijo de un logro individual, sino de una apertura más amplia para volver a encontrarnos con la palabra en verso.
Si algo comparten estas trayectorias, es que la poesía sigue escribiéndose en el sur. Para quienes quieran postular, las bases y detalles de postulación están disponibles en el sitio oficial de Ediciones UCT: https://ediciones.uct.cl/convocatoria/convocatoriadepoesia/