El Festival Guido Eytel consolida su lugar en el sur y dialoga con su tradición literaria

2En la antesala de su cuarta versión, el Festival comparte un video resumen de su tercera edición, una pieza que recoge la intensidad del encuentro donde más de 30 voces de la poesía chilena confluyeron en Temuco y Padre las Casas, reafirmando una escena literaria en diálogo con el territorio, la memoria y la comunidad.

Con una convocatoria amplia, transversal y sostenida en el tiempo, la tercera versión del Festival de Poesía Guido Eytel cerró confirmando algo que ya se venía insinuando en sus ediciones anteriores: no se trata solo de un evento, sino de un espacio que ha logrado articular comunidad, circulación literaria y reflexión desde el sur de Chile.

Ese pulso queda condensado en el video de cierre recientemente publicado, una pieza que no solo documenta, sino que interpreta el encuentro a través de voces, lecturas y momentos que permiten dimensionar la experiencia vivida durante seis días de programación. Su directora, Paula Alderete releva aquí la amplitud que ha alcanzado el festival, destacando la presencia de públicos diversos, más allá de los circuitos literarios habituales, y una respuesta que se tradujo en espacios llenos y en una activa participación comunitaria.

Una poesía situada: territorio, memoria y descentralización

Uno de los rasgos más visibles de esta edición fue su énfasis en la descentralización cultural. Tal como señala el poeta Pablo Ayenao en el registro audiovisual, el festival busca “abarcar una heterogeneidad de voces”, considerando no solo procedencias geográficas diversas, sino también cruces generacionales y de experiencia.

En esa línea, la presencia de autoras y autores del sur no operó como una cuota, sino como un eje identitario. La escritora Teresa Calderón lo sintetiza en el video tras su participación: se trata de un encuentro donde “hay una voz, una voz del sur”, capaz de dialogar con tradiciones más amplias sin perder su anclaje territorial.

Esa dimensión también se expresa en la incorporación de lenguas, memorias y cosmovisiones diversas. Desde la poesía mapuche hasta escrituras experimentales contemporáneas, el festival se configura —tal como plantea Elicura Chihuailaf en el registro— como un espacio donde la palabra poética desborda el texto: “no es solamente verso, es también color, sabor, aroma, textura, movimiento”.

El encuentro como experiencia: libros, lectores y comunidad

Más allá de la circulación de obras, el festival reforzó una idea fundamental: la literatura como experiencia compartida. “Un libro comienza con una idea y termina con un lector”, señala Isabel Iriarte en una de las escenas del video, subrayando el sentido relacional de la escritura.

Esa vocación se tradujo en una programación que privilegió el contacto directo entre autores y públicos. Para el programador Patricio Riquelme —también presente en el registro— el origen del festival responde precisamente a esa necesidad: generar un espacio donde “el público tenga contacto con el escritor, con el poeta”, más allá del libro como objeto.

Las lecturas en espacios abiertos, la denominada “micro poesía” en recorrido por la ciudad y la alta asistencia a las actividades —aspectos que el video permite recorrer visualmente— dan cuenta de una recepción que superó los círculos habituales, convocando a públicos diversos y de distintas edades.

Cruces artísticos y legado: una escena que crece

Otro de los elementos distintivos de esta versión fue la integración de otras artes. El teatro, la música y las intervenciones escénicas no operaron como acompañamiento, sino como parte constitutiva de una experiencia poética expandida.

En ese contexto, el homenaje a Guido Eytel —figura central de la literatura del sur— no se limitó a la memoria, sino que se realizó como un gesto diligente que involucró los afectos de su público y de poetas participantes. En relación con ello, el seremi de las Culturas, Eric Iturriaga afirmó en la inauguración del Festival: “Los legados, para que sean ciertos, tienen que movilizar a las personas en el presente”, lo que sin duda sucedió en esta pasada versión.

Para la directora del encuentro, Paula Alderete, el objetivo sigue siendo claro: “retribuir a Temuco con la calidad literaria que merece”, retomando el espíritu generoso y formador que marcó la trayectoria de Guido.

Consolidado ya como un hito cultural en La Araucanía, el Festival de Poesía Guido Eytel proyecta su cuarta versión para mayo de 2026 con nuevas voces, ampliación territorial y un programa que buscará profundizar este vínculo entre poesía, comunidad y territorio.

El video de cierre —disponible en YouTube (t.ly/k0N4D )— no solo resume esta experiencia, sino que permite recorrerla: escuchar sus voces, ver sus espacios y volver sobre una escena que hoy se afirma como una de las más significativas del sur de Chile.