Sandra Alcina
Académica Facultad de Administración y Negocios
Universidad Autónoma de Chile, sede Temuco
Mientras el debate público se centra en el alza de la bencina y el costo de la vida, existe una preocupación menos visible, pero igual de urgente: el miedo que comienza a instalarse en espacios que antes eran seguros.
En ciudades como Temuco, tradicionalmente tranquilas, hoy emerge una tensión distinta. No asociada necesariamente a delitos clásicos, sino a amenazas, agresividad y conflictos en entornos escolares que muchas veces surgen desde el anonimato digital. La violencia ya no siempre tiene rostro, pero sí consecuencias reales.
Docentes con temor, comunidades educativas en alerta y una respuesta institucional que no logra identificar con claridad el origen del problema reflejan un desajuste preocupante.
No se puede combatir lo que no se logra identificar. Mientras quienes generan amenazas permanezcan en la impunidad, amparados en el anonimato digital, el miedo seguirá expandiéndose.
Se requiere avanzar hacia una estrategia más articulada, que integre prevención, trazabilidad efectiva de las amenazas y marcos regulatorios acordes a esta nueva forma de violencia. Porque cuando el temor se normaliza, deja de ser un hecho aislado y pasa a formar parte de la vida cotidiana.