Por: Mario Grandón, Collipulli.
Las últimas semanas han sido marcadas por el fuego y la desolación en las regiones del Maule y del Bío Bío. Los incendios forestales, de una magnitud devastadora, arrasaron con viviendas, bosques y medios de subsistencia, dejando a cientos de familias damnificadas y a comunidades completas enfrentadas a una dolorosa reconstrucción.
Más allá de las cifras y de las imágenes de humo cubriendo pueblos enteros, estas emergencias dejan enseñanzas que no pueden ser ignoradas. La primera de ellas es que los incendios ya no son eventos aislados ni excepcionales: se han convertido en una amenaza recurrente, impulsada por las altas temperaturas, la sequía prolongada y, en muchos casos, por la acción humana irresponsable.
Las tragedias ocurridas evidencian la necesidad de fortalecer la prevención. La limpieza de terrenos, el manejo adecuado de desechos, la eliminación de pastizales secos alrededor de viviendas y la denuncia oportuna de focos de incendio son acciones simples que pueden marcar la diferencia entre un susto y una catástrofe.
Asimismo, queda de manifiesto la importancia de la preparación comunitaria. Contar con planes de evacuación claros, rutas seguras identificadas y kits de emergencia básicos —con agua, alimentos no perecibles, linternas, documentos y medicamentos— resulta fundamental en zonas expuestas al riesgo. En los momentos críticos, la información oportuna y la calma pueden salvar vidas.
Otro aprendizaje que dejan estos incendios es el valor de la solidaridad. Durante los días más duros, se multiplicaron los gestos de apoyo: centros de acopio, voluntarios colaborando en tareas de ayuda y vecinos abriendo sus puertas a quienes lo perdieron todo. Esa respuesta demuestra que, frente a la tragedia, la comunidad organizada se convierte en un pilar indispensable.
Las regiones del Maule y del Bío Bío hoy enfrentan el desafío de levantarse nuevamente, pero también el deber de transformar el dolor en conciencia. Prepararse no es vivir con miedo, sino asumir con responsabilidad que la naturaleza y el clima han cambiado, y que la prevención es la mejor herramienta para enfrentar futuras emergencias.
Los incendios de estas últimas semanas deben quedar grabados como una advertencia. La lección es clara: no basta con reaccionar cuando el fuego ya avanza; debemos estar siempre preparados, informados y unidos, porque la protección de la vida y del entorno comienza mucho antes de que aparezca la primera chispa.
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