Rutas de hierro: la memoria del tren vuelve a encenderse en la Universidad Autónoma de Chile

La muestra convoca a 175 artistas de distintas regiones del país, quienes presentan obras en fotografía, grabado, escultura, acuarela, pintura, mosaico, cerámica y técnicas mixtas, ofreciendo una mirada plural al universo ferroviario y a su presencia en la memoria cultural chilena.

El tren, ese antiguo animal de humo y acero que alguna vez unió ciudades, oficios y esperanzas, vuelve a recorrer Chile desde el territorio íntimo del arte. El próximo martes 21 de abril, a las 12 horas, la Universidad Autónoma de Chile inaugurará la exposición “Rutas de hierro: 175 años del ferrocarril y su huella en Chile”, en la Sala de Exposiciones de Porvenir 580, Temuco, una invitación a reencontrarse con la huella profunda que el ferrocarril dejó en el país.

Para el vicerrector de sede, Emilio Guerra, la muestra “nos recuerda que el ferrocarril no sólo transformó la movilidad, sino también la manera en que habitamos y comprendemos el territorio. Su legado sigue ofreciendo claves para pensar el desarrollo urbano y cultural del futuro. Rutas de hierro es un puente entre memoria, arte y comunidad, un espacio donde la historia vuelve a dialogar con el presente”.

La exposición reúne obras de 175 artistas regionales y nacionales, quienes, desde lenguajes tan diversos como la fotografía, el grabado, la escultura, la acuarela, la pintura, el mosaico, la cerámica y las técnicas mixtas, reconstruyen el imaginario ferroviario desde múltiples sensibilidades. No se trata solo de representar trenes o estaciones, sino de explorar aquello que el ferrocarril dejó en nosotros: la idea de viaje, la espera, el sonido metálico que marcaba el ritmo de los pueblos en ruta, la promesa de un país que avanzaba sobre rieles.

El tren como biografía

Entre los artistas participantes, María Eugenia Peldoza presentará “Estaciones de la vida”, una obra en acrílico sobre tela que nace de recuerdos personales. “La invitación me llevó de vuelta a mis viajes en tren: los trayectos familiares entre Los Ángeles, Santa Cruz y San Fernando, y aquellas vacaciones rumbo a Pichilemu en carros de madera. Son imágenes que permanecen intactas, como si el tren hubiera guardado para mí una parte de la infancia”, comenta. Su obra, dice, es una forma de agradecerle al tren esas memorias que aún la acompañan.

El artista visual Julio Francisco Román exhibirá “El tren de la nostalgia”, una pieza trabajada en tonos ocres y amarillos que evocan la luz del norte. “Me inspiré en la primera locomotora a vapor que funcionó en Chile, la que unía Calera con Copiapó y transportaba material desde Chañarcillo. Fue la tercera en operar en Sudamérica”, explica. La obra está pintada sobre una lámina dorada, “para subrayar la importancia histórica del tema”, e incorpora palabras fragmentadas que funcionan como ecos del mundo ferroviario, pequeñas señales de un tiempo que aún resuena.

Patrimonio

Desde 1851, cuando el primer tramo ferroviario comenzó a funcionar, el tren se convirtió en un protagonista silencioso del desarrollo nacional. En La Araucanía, su presencia fue decisiva: estaciones, talleres, puentes y ramales dieron forma a ciudades, impulsaron redes productivas y configuraron paisajes culturales que hoy sobreviven en la memoria regional.

En este marco, el decano de la Facultad de Arquitectura, Construcción y Medio Ambiente, Daniel Schmidt, subraya que “la exposición abre un espacio para reflexionar sobre la relación entre infraestructura, patrimonio y paisaje. El ferrocarril es una pieza clave para entender cómo se configuraron nuestras ciudades y cómo ciertos trazados siguen influyendo en la vida contemporánea. Este diálogo entre creación artística y pensamiento académico fortalece nuestro compromiso con la memoria territorial y con la puesta en valor del patrimonio construido”.

La muestra, además, se articula con las áreas de docencia, investigación y vinculación con el medio de la Facultad, reforzando la importancia del patrimonio ferroviario como objeto de estudio, creación y reflexión contemporánea. Por lo que “Rutas de hierro” no es sólo una exposición: es una invitación a escuchar nuevamente el eco del tren, a reconocer en su huella la historia de un país que alguna vez avanzó al ritmo de sus rieles.