En lo que se perfilaba como un proyecto habitacional de alto estándar en el sector de mayor plusvalía de Temuco, hoy se vive una pesadilla sanitaria que ha llegado a los tribunales. Un grupo de ocho propietarios del Edificio Ipanema, ubicado en Avenida Los Pablos 2151, interpuso un recurso de protección contra la Inmobiliaria Plaenge Chile, denunciando que sus departamentos —valorados en más de 120 millones de pesos— presentan fallas estructurales tan graves que han convertido el acto de respirar dentro del hogar en un peligro para la salud. La acción judicial, encabezada por la abogada Paola Sánchez Alvarado, describe un escenario desolador: filtraciones de aguas servidas, muros saturados de humedad y una proliferación masiva de hongos que la empresa no ha logrado solucionar tras años de reclamos, afectando de manera crítica a niños con patologías respiratorias y adultos mayores inmunodeprimidos.
El caso de Sylvia Lagos, propietaria del departamento 208, es uno de los más dramáticos y refleja la precariedad de la infraestructura. La residente relata con impotencia cómo su hogar se ha visto inundado en múltiples ocasiones por aguas espumosas y olores fétidos provenientes de los pisos superiores, una situación que se ha repetido sistemáticamente desde 2021. Lagos denuncia que la respuesta de la administración ante estas emergencias sanitarias ha sido insuficiente y humillante, llegando al punto de proporcionarle una aspiradora para que ella misma gestione las inundaciones de desechos, mientras los técnicos de la empresa se toman pausas extensas dejando el agua filtrar sin control. Para ella, esto ya no es un problema estético o de postventa, sino una vulneración a la dignidad básica, donde su propia hija debe permanecer en casa limpiando filtraciones en lugar de desarrollar su vida con normalidad.
A este relato se suma el testimonio de Milton Sepúlveda, dueño del departamento 1008, quien ha documentado durante siete años el fracaso de las reparaciones «cosméticas» de la inmobiliaria. Sepúlveda explica que tras reiterados intentos fallidos de la constructora, decidió retirar por su cuenta el papel mural de las habitaciones, descubriendo que las paredes estaban deshechas por el agua y cubiertas de moho negro. Según su denuncia, Plaenge se limitaba a aplicar parches de pasta muro y pintura fungicida sobre superficies ya podridas, ocultando el problema de fondo: una falla en la impermeabilización de la fachada exterior que permite que el agua de lluvia penetre directamente al corazón de los departamentos. Esta negligencia técnica ha obligado a los vecinos a vivir en condiciones de insalubridad permanente, asumiendo costos de reparaciones que deberían ser responsabilidad de la empresa.
La gravedad de la denuncia escala al ámbito médico, ya que el recurso de protección destaca que el ambiente viciado por el moho está agravando diagnósticos de atopia y asma crónica en menores de edad que habitan el edificio. Incluso se reporta el caso de una residente con Artritis Reumatoide y una madre inmunodeprimida que no pueden permanecer en sus viviendas por el riesgo vital que representan las esporas de hongo. Ante lo que califican como una «indiferencia corporativa», los afectados exigen que la justicia ordene una intervención técnica definitiva y profunda en un plazo de 15 días, rechazando cualquier intento de la inmobiliaria por condicionar las reparaciones a la firma de documentos que los obliguen a renunciar a sus derechos legales. Lo que está en juego, aseguran los vecinos, no es solo el valor de sus propiedades, sino el derecho fundamental a vivir