- El índice de envejecimiento en Chile ha subido drásticamente, pasando de 22,3 a 79 personas mayores por cada 100 menores en tres décadas.
- Expertos abogan por romper el estigma que asocia la vejez exclusivamente con la enfermedad o la dependencia.
- El enfoque actual busca transitar de políticas asistencialistas hacia el reconocimiento de las personas mayores como sujetos de derechos.
En tres décadas, la población de 65 años y más en Chile pasó de representar el 6,6% al 14% de los habitantes. Paralelamente, el índice de envejecimiento aumentó de 22,3 personas mayores por cada 100 menores de 15 años en 1992 a 79 en 2024, evidenciando una de las transformaciones demográficas más profundas de la historia reciente del país.
Las cifras del Censo 2024 confirman una tendencia que especialistas venían observando hace años. Investigadores de la Universidad Católica de Temuco que estudian el envejecimiento desde la gerontología, la salud pública y los derechos humanos advierten que el desafío no se limita a responder a nuevas necesidades sanitarias o de cuidados: también implica repensar cómo la sociedad comprende la vejez y qué condiciones genera para que las personas mayores puedan vivir esta etapa con autonomía, participación y calidad de vida.
Para el Dr. Juan Carlos Coronado López, Director de Procesos Terapéuticos de la UCT e investigador en Gerontología y Geriatría, uno de los principales desafíos es cambiar la forma en que se entiende el envejecimiento: *»Existe el paradigma social que nos lleva a pensar que la vejez es una etapa de enfermedad, y no es así»*.
Una de las principales barreras sigue siendo el edadismo, los prejuicios, estereotipos y prácticas discriminatorias basadas en la edad, que tiende a reducir a las personas mayores a una condición de dependencia, invisibilizando sus capacidades y su aporte a la sociedad.
De la asistencia a los derechos
El foco de la discusión internacional sobre envejecimiento ya no está únicamente en la protección o asistencia de las personas mayores, sino en el reconocimiento de sus derechos, su autonomía y su participación activa en la sociedad.
Esto quedó plasmado en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, ratificada por Chile, y más recientemente en la Ley N° 21.822, que establece un marco para promover y garantizar un envejecimiento digno, activo y saludable. «Las personas mayores son sujetos de derechos», subraya Coronado.
Esta visión es también el eje del trabajo académico que desarrolla la UCT en torno al envejecimiento. En su investigación sobre gerontología global, Coronado y la investigadora Lidia Estefany Castillo plantean la necesidad de avanzar desde modelos asistenciales hacia enfoques integrales que reconozcan a las personas mayores como ciudadanos activos, con capacidad de decisión y proyectos de vida propios. La propuesta está alineada con los principios del Manifiesto de Salamanca contra el Edadismo y con los cuatro ejes de la Década del Envejecimiento Saludable 2021-2030 de la OMS, marco en el que la UCT participa a través de la Red Iberoamericana de Envejecimiento Activo y Saludable (RIES-GAUDIUM).
La fragilidad no es sinónimo de dependencia
Uno de los conceptos que más preocupa es la fragilidad: la disminución de reservas físicas y funcionales que aumenta el riesgo de discapacidad y dependencia. Sin embargo, Coronado advierte que no debe entenderse como una condición permanente ni irreversible, «La fragilidad es una bandera roja que nos tiene que hacer pensar que debemos intervenir oportunamente”. Y agrega: «Con una buena intervención podemos recuperar la funcionalidad y seguir viviendo nuestra vida con autonomía y dignidad».
En esa misma línea, las caídas, una de las causas más frecuentes de pérdida de independencia, rara vez son accidentes aislados. Detrás puede haber problemas de equilibrio, pérdida de fuerza muscular, deterioro cognitivo o condiciones ambientales inseguras. La detección temprana, la actividad física regular y los controles preventivos pueden marcar una diferencia significativa.
Una sociedad que envejece
Chile enfrenta una realidad inédita: cada vez más personas alcanzan edades avanzadas y lo hacen en mejores condiciones que generaciones anteriores. Sin embargo, los cambios demográficos avanzan más rápido que las transformaciones culturales necesarias para acompañarlos.
Desde la UCT, este momento se observa como una oportunidad para fortalecer una cultura del cuidado, la inclusión y el respeto por la dignidad humana, aportando investigación y propuestas que contribuyan a una comprensión del envejecimiento más justa, diversa e intercultural.
Porque en una sociedad que envejece, el verdadero desafío no es solamente vivir más años. Es asegurar que esos años puedan vivirse con autonomía, participación, dignidad y calidad de vida.
