BUSCAN SALVAR EL EMBLEMÁTICO PABELLÓN ARAUCANÍA TRAS AÑOS DE ABANDONO Y DETERIORO

Vista exterior del Pabellón Araucanía en Temuco que muestra signos de deterioro en su estructura de madera
⚡ Puntos Clave de la Noticia:
  • El edificio, ex Expo Milán 2015, presenta daños por humedad y requiere $2.000 millones para su reparación.
  • Bienes Nacionales prepara una licitación para restaurar y entregar la administración del inmueble a privados.
  • El proyecto es el primero de un plan para recuperar inmuebles fiscales en desuso o deteriorados en el país.

La estructura que representó a Chile en la Expo Milán 2015 presenta daños por humedad y lluvias y requeriría cerca de $2.000 millones para su recuperación. Bienes Nacionales prepara ahora su licitación para restaurarlo y darle una nueva administración.

Fue motivo de orgullo para La Araucanía, representó a Chile ante el mundo y obtuvo reconocimiento internacional por su arquitectura. Una década después de su paso por la Expo Milán, la realidad es muy distinta: el Pabellón Araucanía lleva más de dos años cerrado en Temuco, presenta deterioro y necesita una millonaria inversión para volver a funcionar.

La pregunta inevitable es qué ocurrirá ahora con una de las construcciones más reconocibles levantadas en los últimos años en la capital regional. Según informó Emol, el Ministerio de Bienes Nacionales prepara una licitación que buscará la restauración y administración del inmueble, luego de que este volviera a manos de la cartera.

El edificio será además el primero en incorporarse a un plan de Bienes Nacionales destinado a ofrecer al mercado inmuebles fiscales que no han sido destinados a entidades públicas y que actualmente se encuentran sin uso o presentan condiciones de deterioro.

De Milán a los pies del Ñielol

La historia del Pabellón comenzó muy lejos de Temuco. Bajo el nombre “El amor de Chile”, representó al país en la Expo Milán 2015 y consiguió medalla de plata en la categoría “Mejor Arquitectura y Paisaje”. Construido aproximadamente en un 80% con madera laminada de pino radiata, su particular estructura fue concebida como una representación de un gran canasto de mimbre.

Un año después fue adjudicado a la entonces Intendencia de La Araucanía y trasladado hasta Temuco, donde fue instalado a los pies del cerro Ñielol. La apuesta era ambiciosa: transformarlo en un centro cultural, espacio para eventos y también en un punto de encuentro y negocios para pymes y cooperativas vinculadas a la producción regional.

Más tarde, a cargo del nuevo Gobierno Regional y la Corporación Desarrolla Araucanía se llevaron a cabo múltiples iniciativas orientadas a potenciar la actividad económica de La Araucanía. Sin embargo, en marzo de 2024 cerró sus puertas luego del término de la concesión de la Corporación y desde entonces el edificio ha sufrido daños producto de las lluvias y la humedad.

Una recuperación cercana a los $2 mil millones

En mayo de 2025, el Pabellón Araucanía fue traspasado a la Municipalidad de Temuco tras comprometer recursos para su restauración, pero finalmente puso término al comodato devolviéndole este espacio a Bienes Nacionales.

El costo estimado para recuperar el inmueble rondaría los $2.000 millones, según la información publicada por Emol. Tras el fracaso de ese proceso, el Pabellón volvió a quedar a la deriva. Ahora comienza otro intento por encontrarle un futuro.

El inmueble cuenta con aproximadamente 1.720 metros cuadrados construidos y está emplazado en un terreno cercano a los 15 mil metros cuadrados, dimensiones que permiten pensar en diferentes alternativas de utilización para un espacio ubicado en un sector estratégico de Temuco.

Desde el Ministerio de Bienes Nacionales señalaron a Emol que estas características “abren posibilidades para estudiar distintos usos y alternativas de desarrollo”.

La licitación podría convertirse así en una nueva oportunidad para el Pabellón Araucanía. El mismo edificio que hace once años mostraba parte de la identidad regional ante el mundo enfrenta hoy una decisión mucho más cercana: si es posible recuperarlo, quién estará dispuesto a hacerlo y qué nuevo uso podría justificar la millonaria inversión necesaria para devolverlo a la vida.