Categorías: Opinion

Temuco no puede seguir sin su Mercado Municipal

Por Marco Antonio Vásquez Ulloa, ingeniero comercial-contador público y auditor, académico Facultad de Ciencias Jurídicas y Empresariales UFRO.

Cada aniversario de Temuco repite el ritual conocido: discursos, balances, promesas y orgullo local. Se habla de crecimiento, identidad y futuro. Sin embargo, hay una ausencia que sigue pesando en el corazón de la ciudad y que ya no admite eufemismos: Temuco no puede seguir sin su Mercado Municipal.

Aromas, colores, ruidos y vida de mercado nos recibía en todas las fechas. En el verano era el punto de contacto con los amigos del barrio y visita frecuente de nuestros familiares que venían del norte o sur del país. No se trata de nostalgia. Se trata de ciudad.

La noche del 20 de abril de 2016, un incendio destruyó por completo el Mercado Municipal, uno de los espacios más emblemáticos de Temuco. No solo se perdió infraestructura. Se derrumbó una economía cotidiana que sostenía a cientos de familias. Cerca de 140 locatarios vieron desaparecer sus puestos y más de 600 personas quedaron sin su fuente laboral directa o indirecta. Las pérdidas superaron los 10 mil millones de pesos, sin considerar el alto costo de reconstrucción. Pero el daño real no cabe en una cifra.

El Mercado era comercio, sí, pero también era encuentro social. Un puente entre la ciudad y el campo, entre saberes tradicionales y consumo urbano, entre la identidad mapuche y el Temuco contemporáneo. Era un polo turístico y, sobre todo, una institución económica estratégica que articulaba producción local, abastecimiento, gastronomía y servicios.

Por eso su ausencia no es un problema patrimonial abstracto. Es un problema urbano y económico concreto. El centro lo siente: menos flujo peatonal, comercios debilitados, vida urbana apagada y menor atractivo turístico. Un mercado municipal no es un lujo; es infraestructura esencial para el dinamismo de una ciudad.

Cuando una ciudad pierde su mercado, pierde tejido social, empleo, seguridad comercial y sentido de pertenencia. Pierde futuro. En un país que discute reactivación económica y apoyo al emprendimiento local, resulta difícil comprender que Temuco siga sin cerrar esta herida.

Reconstruir el Mercado no es solo reponer lo que se quemó. Es reactivar el corazón del centro. Debe ser una reconstrucción urgente e inteligente: un mercado moderno, seguro, con condiciones dignas para sus locatarios, que respete su valor patrimonial y proyecte identidad.

Este aniversario debiera servir para decidir. Porque las ciudades no se miden por sus sueños, sino por lo que concretan. Y Temuco no puede seguir celebrando mientras mantiene incompleto uno de sus símbolos más relevantes.

Ya es tiempo de volver a levantar su Mercado. Y de volver a vivirlo.

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