- Las escuelas rurales poseen un potencial único que supera las carencias materiales o de conectividad.
- El liderazgo colectivo transforma a los docentes en aprendices permanentes y a la comunidad en motor educativo.
- La tecnología solo es efectiva cuando fortalece vínculos humanos y propósitos educativos claros.
Desde 2023, he tenido la oportunidad de asesorar un grupo de 24 escuelas rurales, muchas de ellas con aulas multigrado, ubicadas en La Araucanía. Esto en el marco de un proyecto que busca aportar al desarrollo académico y socioemocional de las y los estudiantes, utilizando la tecnología y desarrollando habilidades digitales.
Nuestro modelo de “Enseñanza como Liderazgo Colectivo” propone un cambio de perspectiva que resulta especialmente desafiante para quienes acompañamos procesos de mejora educativa. Es un marco para que las y los estudiantes crezcan como líderes de un futuro mejor y quiero compartir algunos elementos importantes.
El primero es invitar a mirar a los docentes y adultos como aprendices permanentes, capaces de seguir desarrollando su práctica desde la reflexión y la colaboración. El segundo busca comprender a la comunidad como una fuente de poder, donde estudiantes, familias y equipos educativos poseen capacidades, saberes y liderazgos que pueden movilizar el aprendizaje.
Este cambio de lente también obliga a cuestionar una práctica muy frecuente en educación: observar las escuelas desde el déficit. Cuando ponemos el foco únicamente en la baja matrícula, el aislamiento geográfico o las brechas de aprendizaje, corremos el riesgo de invisibilizar aquello que sostiene diariamente la experiencia educativa: las personas.
También, la tecnología adquirió un significado distinto. Al comenzar este acompañamiento era fácil pensar que la conectividad o los dispositivos serían el principal motor del cambio. Hoy creo que ocurre exactamente al revés: la tecnología solo despliega su verdadero potencial cuando fortalece comunidades que ya poseen vínculos sólidos, docentes comprometidos y estudiantes que encuentran sentido en aprender juntos.
Como asesor, quizás el mayor aprendizaje fue comprender que acompañar no consiste únicamente en aportar herramientas o conocimientos, sino también en reconocer las fortalezas que ya existen en cada escuela. Las comunidades rurales me enseñaron que la educación no comienza con los recursos disponibles, sino con la convicción de que cada estudiante tiene un lugar, puede aprender y tiene algo valioso que aportar. Tal vez ese sea el mayor desafío para nuestro sistema educativo: dejar de mirar a estas escuelas por aquello que les falta y comenzar a aprender de aquello que, silenciosamente, llevan años haciendo bien.
Claudio Navarro Arroyo
Asesor en Enseña Chile