Ruido, alta congestión, contaminación y exceso de basura son los principales impactos que generan los eventos masivos que se desarrollan en el mundo cada año. En un contexto de cambio climático y problemas ambientales, cobran mayor relevancia en la apremiante necesidad de hacerse cargo de sus efectos.
En 2018, la peregrinación al Santuario de Lo Vásquez congregó a cerca de 700 mil personas que dejaron 35 toneladas de basura esparcidas en la Ruta 68. En 2013, se realizó un histórico concierto gratuito en Parque Forestal que dejó 70 toneladas esparcidas, cifras que solo se limitan a diagnosticar lo evidente.
Pero no todo es residuos. ¿Qué ocurre con los impactos invisibles como el aire y el agua? La clave está en diagnosticar primero el problema, para dimensionarlo, y luego aplicar medidas de regulación, que motiven al sector a cumplir con lo correspondiente.
Por eso ya no basta con solo disponer de puntos de reciclaje en conciertos o eventos al aire libre. Si bien se trata de un avance concreto impulsado en la última década, una acción de ese tipo realizada de manera aislada no resuelve el problema de fondo.
Hoy es urgente que comprendamos la real dimensión del problema para así vincular, sostener y garantizar a través de un conjunto de medidas que logren disminuir el impacto ambiental, donde todos aquellos que generamos el problema seamos también parte de la solución.
Cada actividad masiva necesita una estrategia sustentable diferente y para saber cómo abordarlo es fundamental la experiencia y manejar los datos. Hay medidas que serán factibles de implementar, mientras que otras deberán ser focalizadas donde se logre el mayor impacto. Lo importante es levantar de manera sistemática indicadores que ayuden a validar y garantizar su efectividad y compensar así la deuda que tenemos con el medio ambiente.
El Programa Huella Chile anunció el viernes pasado una herramienta de medición de huella de carbono para eventos, lo que se traduce en un gran paso para la democratización de esta iniciativa. Es un avance para lo que nos queda por hacer.
El gran desafío que tenemos hoy como país es transformar nuestras conductas culturales, comprender que estos resultados nefastos son producto de nuestra indiferencia ante un problema global, acostumbrados a responsabilizar a otros, pero donde cada uno es parte de la solución.
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