La crisis sanitaria del coronavirus nos está dejando varias lecciones. Una de ellas es la necesidad de robustecer la salud municipal que, por excelencia, es cercana a los vecinos porque conoce las particularidades de cada territorio.
Si hubiésemos tenido un sistema más robusto, a nivel primario, probablemente, podríamos haber paliado de mejor manera el estrés de los hospitales en los meses de abril y mayo. Sin embargo, la actual infraestructura, la ausencia de especialistas y de personal no permite satisfacer la demanda ni las expectativas de las personas.
Hoy, cuando nos enfrentamos a múltiples elecciones que moldearán el Chile de las próximas décadas es legítimo instalar el debate sobre el modelo de salud que queremos lo que, naturalmente, incluye a la salud municipal.
Tenemos que ser capaces de prevenir enfermedades, además de aumentar la capacidad resolutiva a los centros de salud comunales. Eso quiere decir, que los pacientes sean diagnosticados y tratados allí, para que, a los hospitales, lleguen solamente los casos de mayor complejidad. Deberíamos comenzar a ver cada CESFAM como pequeñas unidades del hospital base, distribuidas por los barrios, funcionando de manera sistémica.
El primer impacto estaría a la vista: podríamos descongestionar los hospitales como el Hernán Henríquez Aravena, que absorbe toda la demanda de urgencia de Temuco, los casos más complejos de La Araucanía, además de cirugías -incluso- de otras regiones.
En esta pandemia, algunos municipios, exitosamente, comenzaron a prehospitalizar a sus vecinos en los CESFAM. Dispusieron de tubos de oxígeno y camas, para estabilizar a los pacientes. Muchos de ellos no necesitaron, finalmente, llegar hasta el hospital local. Este tipo de experiencias hay observarlas con atención.
Aumentar la capacidad resolutiva no debe ser una mera declaración de buenas intenciones. Implica aumentar la infraestructura, contratar más personal y, sobre todo, generar un cambio cultural en nuestros vecinos e incluso revisar experiencias donde la tecnología facilita la vida y el acceso a los ciudadanos. Los recursos no caen del cielo. Lo sabemos, pero es hora de revisar nuestras prioridades y, sobre todo, hacer más eficiente el gasto del dinero de todos los contribuyentes.
Las personas merecen una atención en salud digna y oportuna; que no esté determinada por la pobreza o riqueza de las familias. Es un derecho humano básico. No pueden seguir esperando.
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