Categorías: Opinion

La Araucanía: ¿Cuentas pendientes?

Por Fernando Montenegro, jefe social de Hogar de Cristo en La Araucanía

En La Araucanía rendir cuentas no es un gesto administrativo. Es volver a mirar la herida y constatar que no cierra. Nuestra región ostenta el título que nadie quiere: es la segunda con más pobreza severa del país. Aquí, un 13,8% de familias vive con ingresos insuficientes y, al mismo tiempo, acumula carencias en vivienda, salud, educación o empleo. 

En 2024, la CASEN entregó un dato que parecía triunfalista: la pobreza en Chile llegaba a 6,5%, menos que en Canadá, menos que en Estados Unidos. Quienes trabajamos en terreno sabíamos que esa foto no reflejaba lo que se vive en nuestra región. La nueva medición, con indicadores más exigentes, lo dejó claro: 23,5% de pobreza, más de 4 millones de personas. Y dentro de ese panorama, solo Tarapacá nos supera en pobreza severa, con un 16,9%. Para La Araucanía, donde la exclusión tiene raíces históricas, ese ajuste no fue sorpresa, sino confirmación.

El último catastro de personas en situación de calle lo confirma con crudeza: más de 300 personas en la región viven sin techo. Y la pregunta es inevitable: ¿cómo puede ser que la región más verde, fértil y rica en cultura sea, al mismo tiempo, la más empobrecida?

La respuesta incomoda. Porque en La Araucanía la pobreza no es casualidad ni mala suerte: es histórica, estructural y política. Y cuando la causa es tan profunda, las soluciones no pueden ser más de lo mismo.

Con esa convicción hicimos nuestra Cuenta Pública: no como una ceremonia de autoelogios, sino como un acto de honestidad brutal. Lo que hacíamos ayer ya no basta. Las hospederías y residencias fueron necesarias en su momento, pero contentarse con dar cama y techo por la noche ya no responde a lo que hoy urge. Estamos transformando las hospederías en algo que busca reducir la pobreza y exclusión de las personas en situación de calle: programas que acompañan con vivienda, salud y empleo; casas compartidas para adultos mayores; centros de día y atención domiciliaria que prevengan la soledad. En salud mental también dimos el paso: menos encierro, más apoyos comunitarios.

Durante 2024, acompañamos a casi 2 mil personas en La Araucanía a través de 15 programas sociales que abarcan desde la educación inicial hasta la vejez. Ese despliegue habla de compromiso, pero también de límites, porque cada persona acogida es, al mismo tiempo, la prueba de que las soluciones estructurales siguen pendientes en nuestro territorio.

Rendir cuentas en La Araucanía es, justamente, poner en evidencia esa contradicción que todos conocen: que en una tierra de postales y ferias costumbristas conviven el abandono y la pobreza más severa. Decirlo no es retórica, es asumir que si callamos, lo que hacemos es todo, menos rendir cuentas.

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