Si bien hay coincidencia en el diagnóstico de lo que sucede, no hay coincidencia en sus causas. Cada cual les pide a los otros que cambien de actitud predicando desde un púlpito al cual solo acceden los poseedores de la verdad. Vemos en la diversidad y en la divergencia una amenaza a nuestra manera de ser y de vivir en vez de aprender que, cuando nos integramos, consolidamos una verdadera comunidad. ¿Es esto posible hacerlo extensivo a la sociedad? Por supuesto que sí.
A nivel de comunidad, en Fundación Semilla nos desenvolvemos en el ámbito escolar y nuestro trabajo en convivencia y ciudadanía se inicia incentivando una conversación que defina qué es la violencia y, como frase de provocación, afirmamos que: “el antónimo de violencia es convivencia”.
Comenzamos analizando la definición que nos entrega la Real Academia Española (RAE), cuyo diccionario dice: “Dicho de una persona: Que actúa con ímpetu y fuerza y se deja llevar por la ira”. La opinión de docentes, profesionales de la educación y estudiantes, respecto de esta definición, es unánime: es una definición restrictiva que no da cuenta de lo que realmente es la violencia.
Hemos llegado a concordar en que la siguiente definición de violencia nos ayuda a entender mejor las relaciones entre personas, así como los círculos virtuosos de buena convivencia como aquellos espirales de violencia que terminan en un deterioro generalizado de las relaciones humanas.
Violencia: “Abuso de poder para dominar, someter, imponer, subyugar, humillar, vencer, oprimir, doblegar, ofender, degradar, denigrar, deshonrar, menoscabar, discriminar…. a otra persona o grupo de personas”.
Hacer extensiva a la sociedad esta manera de entender la violencia, nos convoca a mirarnos a nosotros mismos y reflexionar sobre nuestro comportamiento. ¿Somos o no abusadores? ¿Nos aprovechamos de la posición en que nos encontramos? La mayoría de las veces no somos conscientes del poder que tenemos ni de cómo lo administramos: el poder del hombre en la cultura patriarcal, el poder que nos da la cuna en que nacemos, el color de la piel en un país racista, el poder del dinero, o simplemente el poder obtenido de la comunidad.
Esta es una invitación a cambiar la mirada, a iniciar una introspección personal y también a que personas se atrevan a asumir liderazgos que, con su ejemplo, convoquen a la construcción de una sociedad libre de abusos para así terminar con el clima ambiente tóxico en que nos encontramos.
Marcelo Trivelli
Presidente Fundación Semilla
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