Magister en Familia y Sociedad
Universidad Autónoma de Chile
La encuesta Casen 2017 nos entrega una serie de antecedentes que todos debemos analizar, sobre todo desde las universidades.
Las cifras a nivel nacional indican que la pobreza alcanzó un 8,6%, disminuyendo tres puntos respecto a la medición anterior y que, si lo situamos en relación con una década atrás, la disminución ha sido considerable y continua, pero menor a lo que espera la sociedad. Lo anterior no está del todo mal, pero debemos seguir trabajando, pues debemos analizar cuál es la expectativa del país hacia el futuro en esta materia.
Sin duda más preocupante es nuestra región de La Araucanía, la que históricamente ha sido empobrecida y donde existen zonas rurales que agudizan la situación de pobreza, quedando demostrado en el 17,2% indicado en los resultados. Esta dolorosa cifra dobla al total nacional y marca una diferencia abismante respecto a otras regiones.
En este análisis resulta vital tener en consideración que en 2015 se incorporó la medición de pobreza multidimensional, concepto que abarca las áreas de educación, salud, trabajo, seguridad social, vivienda y nivel de vida en general. Esto me parece óptimo, ya que es muy importante entender el fenómeno desde una visión integral y multicausal.
Desde esta perspectiva, los indicadores más bajos son trabajo y seguridad social, principalmente asociados a las condiciones más precarias del trabajo con ingresos no pertinentes en ciertas labores. También se asocia a las jubilaciones deficientes, las que van en aumento; el acceso a servicios básicos, como por ejemplo el agua potable, problema que debería estar quedando atrás en nuestros problemas de pobreza.
De la medición también se desprende que existe carencia en el área de apoyo y participación social, donde los hogares cuentan con solo un miembro que brinde sustento a quienes lo necesitan, situación que entrega un panorama bastante hostil pues afecta a los mayores de la población.
En el futuro tendremos adultos mayores más solitarios y poco integrados, aislados por una sociedad individualista, donde la sociedad se desafecta totalmente del otro y lo comunitario.
Es aquí donde la universidad debe reforzar su rol. Resulta clave que sus académicos y equipos desarrollen investigación y la detección de situaciones en esta áreas y generen propuestas para mejorar políticas públicas que permitan aportar en la disminución de estas cifras. Debemos hacernos cargo de la realidad de Chile, más aún en nuestra Araucanía.
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