La pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2 probablemente marcará la historia de este siglo como un periodo de incertidumbre: la transformación de nuestras rutinas cotidianas, las pérdidas y los procesos de duelo, el distanciamiento físico y los periodos prolongados de confinamiento como medidas sanitarias implementadas para el resguardo de la población y grupos de riesgo. Condiciones que propiciaron un contexto marcado por múltiples estresores psicosociales que, de una u otra forma, tensionan significativamente la calidad de vida de las personas y su salud mental como un aspecto relevante e indispensable para el buen vivir.
En el caso de Chile, los indicadores no son auspiciosos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ubica al país entre aquellos con mayor carga de morbilidad por enfermedades psiquiátricas (23 %) en el mundo. La depresión mayor y los trastornos por consumo de alcohol ocupan el 1 º y 2 º lugar en las discapacidades atribuidas entre adultos, y casi un tercio de la población mayor de 15 años ha sufrido algún tipo de trastorno psiquiátrico a lo largo de su vida. Además, Chile es el segundo país de la OCDE que más ha aumentado su tasa de suicidios durante los últimos 15 años y es una de las diez primeras causas de muerte en varones chilenos.
Los desafíos existentes en Chile en torno a la protección de la salud mental de la población son amplios, complejos y urgentes y que más allá de que la realidad en materia de inversión es adversa e insuficiente, creemos importante enfatizar que no puede esperar. Requiere el despliegue de políticas, planes y programas eficientes, centrados en la promoción y la prevención en salud (con un fuerte fortalecimiento de la atención primaria y de integración de los saberes locales y culturales presentes en el territorio), propiciando la construcción de un modelo centrado en el multirriesgo y la multimorbilidad que responda oportunamente y de manera sistemática a los determinantes sociales, necesidades y demandas manifestadas por la población y grupos de riesgo (niños/as, jóvenes, mujeres, personas mayores, migrantes, personas en situación de discapacidad).
Bajo el lema “Atención de Salud Mental para Todos/as: Hagámosla Realidad” estamos llamados a construir una sociedad con mayor justicia social para todos/as, en el que la salud mental sea una dimensión estratégica y transversal en la sociedad, dentro de un marco relacional que promueva la satisfacción de las necesidades básicas de cada individuo y su relación armónica con la naturaleza, la tolerancia y la valoración de la diversidad para el desarrollo sostenible de los países.
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