Académico carrera de Ingeniería Comercial
Universidad Autónoma de Chile.
El IPC general considera su variación anual a octubre del presente año es de un 3,0% y su última variación mensual fue 0,7%. Podemos observar entonces que en términos generales la inflación se encuentra controlada y coincide con la meta del Banco Central, ubicándose en el centro del rango para la administración de la política monetaria. Sin embargo, existe una percepción de las personas en que este dato no refleja el efecto real que han sufrido los ingresos, que al parecer han perdido poder adquisitivo en mayor proporción a la tasa de inflación impactando fuertemente en su bolsillo.
Esto puede explicarse en que ante una crisis económica y sanitaria inédita como la que vivimos se ha incrementado el consumo de alimentos, bienes para el hogar y transables en general, así también dadas las restricciones y cuarentenas ha disminuido el gasto en transporte y vestuario, entre otros. Las personas hemos cambiado nuestros hábitos de compra y en consecuencia percibimos que nuestro dinero “rinde menos”. Si analizamos las cifras, podemos apreciar que el IPC de frutas y verduras en su variación anual a octubre asciende a un 15,4%, el de bienes transables un 3,9% y si desmenuzamos el indicador en base a las divisiones en su serie referencial, considerando la variación del mismo período del año anterior, vemos que los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas se han incrementado un 8,0%, teniendo estos bienes un peso relativo del 19,3% dentro de la canasta del IPC, el equipamiento y mantención del hogar se ha incrementado anualmente un 5,2% y por ejemplo educación un 3,7%.
Por otra parte, las divisiones que han tenido menores variaciones e incluso negativas son vivienda y servicios básicos con un 1,5%, transporte con un descenso de -0.6%, teniendo estas subdivisiones un peso relativo en la canasta del 14,8% y 13,1% respectivamente, así también el incremento de los precios en vestuario y calzado es de un 1,6% y salud de un 2,1%. Considerando lo anterior, los datos muestran que efectivamente esa percepción de pérdida del poder adquisitivo se acrecienta y es efectiva especialmente para las familias que han visto mermadas sus remuneraciones y para quienes pertenecen a los quintiles de menores ingresos.
Es así como la pandemia ha modificado los comportamientos de compra en función de nuevas necesidades, principalmente se han incrementado las “compras del supermercado y almacén” y como hemos podido apreciar efectivamente los artículos que allí adquirimos son los que más se han encarecido, cayendo así el poder de compra de los ingresos en una proporción relativamente mayor a lo que puede reflejar en índice general.
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